Pareciera que nunca llegaríamos a este punto, sería inexplicable entender como alguien tan solo podría pensar en la regulación de internet y sus contenidos, sobre todo cuando enfrente tiene a una sociedad joven que nació y creció con un internet libre, que considera propio y que entiende a las generaciones adultas como las que vinieron a meter la nariz en algo que no era de ellos.

Según Wikipedia, “Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu”, mejor conocido como Montesquieu, acuñó el concepto de los 3 poderes clásicos de una sociedad, ejecutivo, legislativo y judicial, los cuales por mucho tiempo se encargaron de controlar las directrices de la sociedad.

En México por ejemplo, el resultado de nuestra independencia, la revolución y una historia marcada por una política aguerrida y hasta poco sangrienta, fue un gobierno estructurado por esos tres poderes, con una sociedad acostumbrada a recibir “per se” cosas del gobierno.

Luego, los medios de comunicación comenzaron a tomar fuerza con la institucionalización de la televisión en el comedor. Un medio, o la persona en la dirección del mismo podría tener el poder de levantar o bajar el pulgar como los antiguos romanos para ver si un político vivía o moría. De hecho las épocas electorales eran bonanza pura hasta las regulaciones de hace pocos años para que los partidos y políticos no tuvieran oportunidad de contratar libremente medios de comunicación.

Estos, los medios de comunicación, son conocidos como el cuarto poder, por que se considera que después del estado, son los que aglutinan más capacidad de hacer y deshacer en una sociedad.

Sin embargo, después del libertinaje de expresión que se permitió en el sexenio de Vicente Fox, y de la tan atropellada campaña de Felipe Calderón vs López obrador, los “3 poderes” iniciales optaron e hicieron por regular y controlar al cuarto poder, con reformas y leyes que poco a poco han venido mermando, aun que nada, el poder de los grandes medios de comunicación en México.

Pareciera que todo está bien, y que este texto es solo un pequeño resumen de nuestra historia reciente, sin embargo ahora viene lo interesante.

En los muy recientes años, se comenzó a hablar del quinto poder, de sus implicaciones y peligros. Este es nada más y nada menos que “el internet” y todo lo que pude surgir de él. En donde de hecho ya han caído políticos corruptos como en Querétaro, o hechos bastante comprometedores como la deuda millonaria en Coahuila y recientemente sobre el Banco Unión Progreso y Cesar Duarte aquí en Chihuahua.

La clase política entonces comienza a hablar de regular internet, tanto libertinaje se puede considerar peligroso, e incluso se habla de la necesidad de regularlo para poder mantener un estado de derecho, de hecho ha habido intentos de regularlo literalmente como si estuviéramos en el viejo oeste, amedrentando twiteros por ejemplo en Veracruz.

Sin embargo existe una gran diferencia entre los primeros cuatro poderes y el quinto, que considero es la piedra angular que impedirá una regulación importante. En los primeros 4 poderes existen cabezas visibles, líderes y corrientes que puedes apagar, controlar o regular, en el quinto poder no las hay, solo hablamos de un mar de información corriendo para todos lados, adoptada por padres de familia, hermanos o hijos como causas propias, para regular internet tendríamos que o controlar las distintas redes sociales, o controlar al ciudadano expresando su sentir, no hay más, y en ambas opciones veo un coqueteo peligroso con la delgada linea al respeto de la libertad de expresión.

En conclusión creo que internet es la última esperanza que tenemos de contar con una verdadera democracia en algún sentido, un espacio en donde el ciudadano se vuelve contrapeso de una clase política acostumbrada a medir, pero no a ser medidos, a regular pero no a ser regulados, y es ahí en donde surge el enojo y la premura de la regulación de internet, para evitar que en un mediano plazo alguien encuentre la formar de utilizar internet para aglutinar todas estas opiniones, todo este sentir y convertir internet no solo en un medio no regulado, sino en un verdadero quinto poder, uno con la capacidad de regular y controlar el accionar de la clase política.