“Emprender” ha sido la palabra que probablemente más famosa se ha hecho en los últimos meses, pero iniciar un negocio no ha sido precisamente el rumbo que muchos de esos emprendedores tomen.

Hay una diferencia muy grande entre ambas cosas, y probablemente no sea lo más sano, ya que muchas organizaciones internacionales, además del Gobierno Federal, han invertido mucho dinero en promover el emprendimiento para incrementar la cantidad de nuevos negocios. Osea, invierten en emprendimiento para lograr como resultado un incremento en el número de nuevos negocios. Estrategia que suena lógica en un país en el cual más de 90% de la economía se mueve gracias a pequeñas y medianas empresas.

Hasta aquí todo está bien, el problema llega al analizar lo que realmente está sucediendo y las posibles consecuencias de ello. A continuación me explico.

Nos encontramos en un punto en el que tanto gobierno, organizaciones, universidades, e incluso empresas privadas no sueltan la palabra emprender de la boca. Todos hablan de emprender, organizan conferencias, traen talleres, hacen planes de negocios y ponen incubadoras con metodologías traídas de San Francisco, lo cual está bien, sin embargo en donde la receta empieza a fallar es cuando vemos que todo este ruido genera cientos de emprendedores de medio tiempo, o peor aun, aficionados al emprendimiento, personas a las que les gusta el tema y participan en todos los eventos habidos y por haber, hablan del tema con gran entusiasmo, pero se les olvida lo medular, iniciar un negocio.

Creo que el mayor error de todos, es que el tema se ha tratado con un toque muy “Silicon Valley”, creando un sueño americano falso, en donde como emprendedor crearás una aplicación para celular o computadora que todos descargarán para hacerte millonario y pasar el resto de tu vida en eventos para emprendedores.

Sin embargo la realidad es otra, ser emprendedor se ha vuelto fácil, poner un negocio sigue siendo igual de difícil que hace 2, 4, 5 o 10 años. A continuación detallo 5 cosas que siguen siendo iguales y que marcan la diferencia cuando decides poner un negocio en vez de emprender de medio tiempo:

1. Poner un negocio cuesta sangre.

Dedicar 2 o 3 horas al día a pensar que puedes hacer para que todo mundo te compre no es precisamente la mejor manera de empezar. Iniciar un negocio cuesta sangre, jornadas de 14 horas diarias de trabajo, tropiezos y bajas de auto estima constante.

Si analizamos la historia de cualquier empresario que tuvo la oportunidad de iniciar desde cero su empresa, encontraremos un montón de historias en donde el dormir poco, deudas, dudas y desamores serán una constante mezclada con un poco de suerte al aprovechar una oportunidad en algún momento preciso.

2. Tramitología.

Vivimos en un país en el cual los trámites son una enfermedad tan fuerte que el mismo gobierno tiene que organizar concursos para encontrar los trámites más inútiles.

A leguas sabemos que la base de todos los problemas de México y el estancamiento permanente es la corrupción, a cual encontramos en todos lados, y los trámites pareciera que fueron diseñados para fomentarla.

Poner un negocio significa que también pasarás horas formado, investigando, dándote de alta, y obviamente pagando impuestos.

3. Capacitación certera

Las universidades no te enseñan a poner negocios, y la capacitación que existe en el mercado, incluida la subsidiada por Gobierno, no genera herramienta de calidad, sobre todo en temas tan torales al momento de iniciar un negocio como finanzas, contabilidad y mercadeo de nuevos productos.

Quien realmente quiere desarrollarse y generar herramientas para su nueva empresa, lo logra en blogs y empíricamente, ósea echando a perder.

4. No te harás rico de la noche a la mañana.

La verdad que más nos cuesta entender es que no nos haremos ricos de la noche a la mañana. Así de simple, las reglas no fallan. El primer año sudarás sangre, el segundo dormirás un poco menos, y si bien te va, a partir del tercero puedes empezar a ser una persona normal, en el quinto todo debería ser miel sobre hojuelas, cosa que no siempre sucede.

El sueño americano, ese que nació en San Francisco, solo existe para unos pocos, sin embargo existen muchos otros, miles de personas que no son millonarias, que viven bien con sus empresas locales o regionales, que no cambiaron el mundo de los demás, pero si el suyo.

Ya sea que quieras ser el próximo Zuckerberg, o simplemente cambiar tu vida a través de un negocio propio, tengo que decirte que estos 4 puntos que acabo de mencionar serán parte de tu vida en los próximo años, quieras o no quieras.

La buena noticia es que siempre hay luz al final del túnel, y la recompensa créeme que vale la pena.